Acabo de regresar de un concierto de 14 de febrero, día de San Valentín. Yo soy un escéptico del Valentin´s Day. No lo celebro, ni lo censuro, simplemente tengo algunos reparos. Este año lo paso sin novia, lo cual constituye de por sí un desafío épico a lo brave heart, pues desde hace más o menos una semana he sido bombardeado cruentamente de propagandas coloridas que ofrecen glamorosos arreglos de Rosatel que incluyen ositos con ojos hipnotizadores que te garantizan un repentino ataque de ternura en la novia, viajes pagados por una tarjeta de papá que prometen el romance perfecto en Paris caminando bajo la Tour Eiffel mientras resuena una melodía de François Cabrel, e incluso para los más misios está siempre Punta Sal y Máncora al norte no más, total romance es romance.
La agresión consumista es totalizante, incluye la infantería de falacias de TV, en especial ese comercial de princesa, donde el chocolate tras una mágica alquimia potteriana, se convierte en la piedra filosofal del amor, ojalá fuese así, para que todos mis amigos rollizos y con unos kilitos de más, amantes del cacao y los helados, pudiesen ser los hombres más felices de la tierra. Cómo olvidar, las revistas con anuncios de empresas coupple makers, que con desfachatez se dedican a conseguirte la pareja que tanto has anhelado (infame manera de ganar dinero con la soledad de cuarentones clase medieros que ya han perdido todas las esperanzas y se están quedando calvos y canosos), su chamba es conseguirte esa musa soñada, con el corazón de la Madre Teresa y la esbeltez de Nathaly Portman, pero como diría un amigo sacerdote, terminan transando con alguien con la belleza física de la Madre Teresa y el corazón de Nathaly Portman.
Y ni qué decir de los vendedores ambulantes que ofrecen siempre un regalo para el novio más irresponsable que puede llegar a saciar el anhelo romántico de la amada a último minuto, con apenas 20 soles, que incluye un combo de chocolates, rosas y peluche, y si gustas, un globo acorazonado; esto sin contar los heroicos himnos de Radio A o Radio Ritmo romántica, cuya filosofía muy profunda nos empapa de miel y de Arjona el rostro, recordándonos cuán afortunados somos al no escucharlas. En fin, todo cuánto se mueve, respira, camina, créalo bien, está al servicio irresistible de la compra y la venta de la causa menos negociable que existe, el amor.
De regreso al concierto debo decir que resulta muy agradable presenciar una puesta en escena tan profesional. Los arequipeños no estamos acostumbrados a esta clase de shows macanudos. Si no fueron, una gran pena, y si teniendo novia no la llevaron, podríamos pensar que desperdiciaron un momento hermoso y puntilloso para descorazonar a su amada con versículos de Gianmarco, oportunidad única de fungir de tenores románticos mientras le toman la mano y siguen el guión del pelado y su doncella se derrite como hielo al sol.
En un concierto muchas personas nos llaman la atención. Está la típica o el típico despechado, que aprovecha una canción para ajustar cuentas con su ex, cantando con un vigor hercúleo irreconocible, desea recordar a esa bruja monstruosa y pérfida, reencarnación de Satán, bazofia inmunda, le canta esas líneas lastimeras y orgullosas, cumplida su misión, la ha sepultado delante de 10 mil personas, que se han compadecido solidariamente con su desgracia y puede decir: “se me olvidó en un dos por tres!”. Está el fumador que no ceja en su intento de batir el Guiness de cigarros fumados por minuto y que ya empieza a hartarnos con su pose arrogante de Marlon Brandom chicha; está el típico desubicado que ni baila ni canta y que llegó al concierto casi obligado por las fuerzas cómplices del destino, en el fondo, sabemos bien que no puede soportar su soledad, que hoy 14 F, es más soledad que nunca, y que seguro luego despotricará contra lo mal organizado del evento. Cada uno es un personaje de novela.
Pero vamos a nuestro asunto. San Valentín fue un santo cristiano, que es cierto ayudaba a los novios a contraer matrimonio, pero en un tiempo de persecución a muerte cuando ser cristiano se pagaba letalmente. Hoy San Valentín casi es un desconocido, una especie de nombre refundido entre tantos otros, que se pronuncian sin conocer y que ha sido ingerido vorazmente por la publicidad. Qué pena por el santo. Decíamos que teníamos otros reparos al 14 de febrero. Tras el reparo consumista, tenemos el reparo de la amnesia, llamamos reparo de la amnesia al que San Valentín garantiza como over time, un tiempo extra, para aquellas relaciones moribundas, que viven continuamente una acedia terminal, una especie de cáncer metastásico, que ha escuchado la palabra “corte” más veces que en una filmación del siempre simpático Woddy Allen.Una excusa dorada para que puedan olvidarse de su fatal situación y convertirla en una luna de miel que finaliza con un beso “lo que el viento se llevo”. Es un tregua de 15 días, un mes y quien sabe tal vez algunos años.
He escuchado muchas confidencias relacionadas con el temor a la soledad, incapacidad de valerse por uno mismo, fragilidad afectiva, entre tantas otras. Todas terminan siempre en un capítulo agudo de odio y resentimiento o con algún que otro consuelo temporal que a decir de un buen amigo es siempre nuevo, y lo nuevo no siempre es lo mejor, pero ojo, es nuevo y nadie ose descalificarlo. Sin embargo creo que la soledad no debe causar tanto pavor, es en la soledad donde mejor se enfrentan los complejos, donde mejor se vislumbran las debilidades. De dónde tanto pánico a la soledad, si ella nos garantiza que cuando llegue el momento de entregar el corazón, se entregará uno forjado en un crisol maduro y sereno.
Todos estos reparos me llevan a la siguiente conclusión. San Valentín para el común de los mortales, debe ser un día continuado durante todos los días el año, el amor y la amistad, son cosa de todos los días, requieren un cuidado atento de tiempo completo, y no un breve lapso delirante contaminado por los ardides comerciales y afectuosos de la publicidad. La verdad es más sencilla. El amor es sencillo, como lo recuerda San Pablo en esa oración tan hermosa: "El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se ufana. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo".
1 comentario:
have a great week-end
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