domingo, 18 de mayo de 2008

May FEelings

Porque estoy feliz, porque estoy triste, porque me da fuerzas, porque me encanta decirle piropos, porque me he enamorado, porque porque porque. Esos son sólo algunos de los por qués que muchos jóvenes dan para rezar el Rosario en un pequeño vídeo que desde hace mucho circula por Youtube, que he colgado al final de la entrada, y que podemos encontrarlo en http://www.belomasanfilms.com/

Por qué no nos damos un momento para ver este vídeo hermoso? En él muchos jóvenes nos cuentan muchas razones por las cuales rezan el rosario, esa hermosa oración dejada por la Santísima Virgen María al mismo Santo Domingo de Guzmán, que muchas veces nos ha reconfortado y acercado con sincero cariño al amor maternal de la Madre, en los momentos más duros y en las alegrías más sinceras.

En mi vida pocas cosa han tenido tanta fineza de parte de Dios, como la que paso a contar. Hace 2 años, la persona a la que más quería, pasaba por un momento muy difícil, su vida y seguridad corrían un verdadero y manifiesto peligro. El dolor que me tocó acompañar, nunca lo había sentido en tal dimensión. Nunca como en ese momento mi corazón y mi fortaleza fueron probados al punto de casi doblegarme. No había espacio donde pudiese recostar la cabeza, día tras día mi vida se convirtió en una ofrenda de amor y de dolor.

Se me ocurrió escribir una pequeña carta pidiendo la gracia especial de que esta delicada y penosa situación llegara a su término, dirigiéndola a la Virgen de Fátima. Mi hermano visitaría Europa en unos días, peregrinaría por Italia, Francia, España y Portugal. Una de las tantas paradas era Fátima. No sé por qué mi corazón intuyó que debía ser en Fátima. No lo sé, jamás le tuve devoción a Fátima, sabía bien la historia, pero tenías otras devociones, sin embargo en ese momento tenía la certeza incomensurable que así debía de ser.

Ingenuamente, desconociendo que era imposible, le pedí a mi hermano que dejara la carta en la Cuevita de las apariciones, al pie de la Virgen, mi hermano accedió sin saber lo que llevaba, cargó mi plegaria, mi alma y mi corazón en un pequeño sobre donde se encerraba toda mi pena. El resto de la historia es increíble. Mi hermano, fue el único peregrino que logró pasar la interminable vía que conduce a la cueva donde se apareció la Virgen a los tres pastorcitos en Fátima.

Él mismo no puede explicarme hasta ahora cómo lo hizo, pues nadie puede pasar hasta la cueva. Lo hizo encima de rodillas rezando en todo momento el rosario, absorto hasta el punto de no darse cuenta que sus rodillas sangraban del esfuerzo, dejando atrás a los peregrinos que fueron con él, pareció olvidar todo y seguir adelante.

Sólo lo despertó de su concentración un sacerdote portugués de la Hermandad que custodia Fátima, que lo levantó le dijo algo en portugués que mi hermano no entendió, y le ofreció un privilegio maravilloso: ver la pequeña imagen de la Virgen de Fátima y cargarla en la procesión junto con la Hermanos. Mi hermano lloró virilmente. No podía creer lo que le sucedía. Sus lágrimas de alegría y agradecimiento se agolparon en sus mejillas. Dejó la pequeña carta a los pies de la Virgen, donde no se podía llegar, él pudo llegar, donde no se podía pedir, él pudo pedir, sin saber hasta hoy cómo pudo arrodillarse y luego cargar en procesión a la Virgen de Fátima.

Y bueno sabrán que el episodio tristísimo que originó mi carta, acabó dos días después que la plegaria se dejara a los pies de la Madre. He tenido que cumplir muchas promesas con alegría después de este maravilloso suceso, pero nunca olvidaré este detalle tan hermoso, donde Nuestra Madre tuvo la fineza de demostrarnos cuánto nos amaba. Gracias, mil veces gracias, con eso intento, como los jóvenes, responder el por qué yo rezo el Rosario.

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