
Soy arequipeño. Viajé a Lima la semana pasada para recibir un curso maratónico de economía y periodismo. Fuimos 20 personas de Arequipa, Puno, Cuzco y Piura, quienes nos internamos en los sencillamente enrevesados vericuetos de la economía peruana. Escuché al siempre muy serio Ministro Carranza, y a muchos expertos, que nos regalaron una clase de esperanza económica si cabe la contradicción filosófica, una lobotomía liberal me fue irrigada por los más conservadores latidos de mi corazón, compartirnos cifras e ilusiones que no llegan al común de los mortales, esperanzas que no llegan a los oídos de los que más sufren, ironías y paradojas de un Perú olvidado que es azuzado por bandas de saqueadores y embusteros ideológicos, con un look atávico a lo Hugo Chávez o Fidel Castro.
Esta especie de fiesta bolivariana, donde se han juntado los Caracas Boys and Girls, de Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador y Cuba, es una bomba de tiempo y no van a bailar tango ni milonga. Señores Argentina no va a aguantar más de un mes, la manipulación de los precios es bochornosa y resultaría ingenuo no poder divisar su próxima crisis, Bolivia es un horno a presión que sigue frenéticamente nacionalizando con estulticia, jugando con la pobreza de su gente, Venezuela es un ejemplo patético de cómo una nación con mucho dinero puede ser verdaderamente pobre y miserable, tiene idea el señor Chávez de qué es lo que dijo Marx de Bolívar?. Y es paradójico porque supuestamente se trata de una revolución para los más pobres, que está haciendo más pobres a los pobres.
Aquí en Perú podemos discutir muchas cosas en cuestión de reformas sociales. Pero el modelo económico está funcionando. Quienes tengan la desfachatez crónica y la miopía ideológica de no verlo, mienten. Y le mienten al más pobre, al campesino de Huancavelica o a la madre soltera de Ayaviri. El tema de la redistribución de la riqueza no funciona por la inoperancia y la ineptitud del Estado, por la ausencia de infraestructura, por la precariedad de la educación peruana que quiere seguir conquistada por Patria Roja y finalmente por las pretensiones nacionalistas absurdas de personajillos envalentonados por la chequera de un mono con metralleta.
Esto no requiere un debate muy profundo, son cifras, contra las cifras uno puede ser estúpido o ciego, pero no indiferente. Las cifras no se debaten. Los predicadores y actores de la reforma no han sabido comunicar sus logros, ése es su pecado, los medios no han sabido poner titulares y les va de madre, prefieren a una vedette embarazada o un político violador, la esperanza no vende. Lo peor de todo es que podemos madar todo al diablo. Tafur comentaba que el suicida no se mata cuando se encuentra más deprimido sino cuando comienza a recuperarse. Ojalá que el Perú no se suicide, ojalá hayamos aprendido de nuestros vecinos, ojalá no matemos a la gallina de los huevos de oro y nos veamos forzados a empezar de nuevo.
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