jueves, 15 de enero de 2009

Crónica de una resurrección anunciada. ¿Quién dijo que no se puede cambiar el mundo?


Estamos vivos. Lamentamos informarles esta noticia, a pesar de todos los intentos macabros por asesinarnos, estamos vivos. Hemos resistido estoicamente las amenazas del Servicio Secreto de Papúa y Nueva Guinea, la sociedad geriátrica de Nueva Delhi y los clubes de fans "oficiales" de Ricardo Arjona y Dan Brown.

Y volvemos porque ya no aguantábamos callarnos. Esperamos se nos disculpe por tal veleidad al momento de regresar a la blogósfera. Pero ahí vamos y como decía Fray Luis de León, trataremos de hacer como si nada hubiese sucedido con esta frase mágica: "como decíamos ayer".

Estos últimos meses muchas cosas me han sucedido. Sé que a pocos les puede importar esto pues supondrán que la vida monótona de un casi abogado adolece de falta de emociones, nada más falso. Pero valga como una especie de mea culpa tardío por mi alejamiento. Organizamos con un equipo macanudo de jóvenes, un Congreso que está llamado, si Dios quiere, a cambiarle la CARA a Arequipa, además reparé en la gran necesidad de graduarme inmediantamente, preparar mi tesis y expediente y lo que fuese necesario, para matar la moncerga de que abogado sin título es tan inservible como un cenicero para una moto. Esas y otras excusas nos pueden servir si bien no justificar. Pero vamos a lo nuestro

Ayer por la tarde vi una película que vuelvo a recomendar, Enrique V. una adaptación brillante de Kenneth Bragham de la obra de Shakespeare. Y me dio pie a hablar de una enfermedad. Una enfermedad más grave que cualquiera que haya aparecido en nuestros tiempos y que el vademécum médico recuerde. Querido lector, se llama acedia. Es una especie de bicho raro que ha infestado con avidez temeraria a muchos de nuestros más queridos jóvenes, y consiste, según muchos expertos, en que lamentablemente se nos ha muerto la grandeza, las ganas imposibles de cambiar el mundo, y simplemente se tiene la entraña vacía y el corazón lleno de ceniza.

Se contagia con una facilidad ineluctable a través de la televisión y canales tan profundos y hermosos como E o Fashion TV, se han reportado casos debido a los libros de autoayuda del gran poeta Paulo Coelho o las canciones de Ricardo Arjona, el Feng shui y el orden ceremonial de macetas y olores que deben impregnar una casa con la pulcritud más exacta e inservible del orbe terrestre, otros casos se adquieren en las metafísicas disquisiciones bizantinas sobre la inutilidad de las artes y la literatura y la alergia que producen las humanidades y el ocio.

La acedia ha matado el asombro. Se nos ha dado todo al alcance de un ipod y una lap top, y el mundo parece tan etéreo, delicado y confortable que no hay que mover un dedo para ser feliz. A lo mejor, (esperemos que no) si un chico de 17 años escuchara el monólogo de la batalla del día de San Crispín de Enrique V, se asustaría con pánico ineludible, y pensaría que ese señor Henry, rey de Inglaterra, está más loco que una cabra y es un sanguinario orate, pues cree que puede dar la vida por un ideal y ha llevado a 500 hombres a enfrentarse contra un ejército de más de 10 mil franceses, y encima en territorio enemigo. Está loco y es cruel, ese rey Henry.

Si sus amigos muestran estos síntomas al verla, es probable que padezca de acedia. Y es que a veces tanto se critican otros tiempos, con una ignorancia tan supina y descarada que enfría el corazón, como si es que acaso a nosotros no se nos hubiera muerto algo por dentro, en medio de tanto ruido y lenguaje políticamente correcto y francamente bastante cabrón, adornado por eufemismos baratos y palabras ligeras.

Pero, ¿quién inventó ese cuento tan mezquino de los ideales enanos y la vida burguesa? Ha sido un trabajo de larga data de algunos estafadores ideológicos de medio pelo, que nos han querido robar la grandeza y matar el corazón, contentándonos con una profesión exitosa, un carro del año y una cuenta jugosa. Para desgracia de ellos felizmente aún existe Enrique V, Madre Teresa de Calcuta, Gandhi, Juan Pablo II y felizmente aunque quieran llenarnos de moho y ceniza el corazón, no se va a poder, porque simplemente hay jóvenes a los que no nos da la gana ¿Quién dijo que no se puede cambiar el mundo?

Aquí dejo el link del famoso monólogo:
http://www.youtube.com/watch?v=dDZVxbrW7Ow