miércoles, 11 de febrero de 2009

Pobre San Valentín, pobre.



Llega San Valentín. Llega con su encanto juvenil y su olor siniestro de almendras y rosas. Llega con sus propagandas huachafas y melodramáticas, con sus afiches hipnotizadores y mágicos, con su aletargante melodía de Radio A, y Alberto Plaza. Llega con la ilusión temeraria que traen las tarjetas de crédito y Rosatel, los afrodisíacos hechizos de una bruja fea y ojerosa que promete acercarte al ser amado y amarrarlo con 99 nudos para que no se suelte la maldita o el infeliz. Yo este año le tengo algo de gélida indiferencia.

Preguntándome a qué se debe, ensayo una respuesta que insinúo con desencanto, "no estoy enamorado". Porque a los enamorados, cómo les fascina cruelmente este día. Por ejemplo, me encanta ver a mi mejor amigo enamorado, atontado y caminando sobre nubes confitadas, como un real idiota, como una oveja que ha sido esquilada y camina tímidamente por la pradera.

Quizá una desconsiderada envidia fluye de las más oscuras arterias de mi corazón cuando digo estas cosas, a veces me parece patético verlo tan meloso y caballeroso. Está enamorado el hombre. Antes, cómo se incomodaba abruptamente cuando yo me engreía con mi ex enamorada, cómo expresaba su malestar con un gesto de náusea profunda cuando le decía algo lindo a ella. Ahora, lo veo echarle bloqueador a su novia mientras dice tímidamente casi susurrando "no quiero que le pase a nada a tu carita" o "cómo está tu panzita amor" y sus ojos se derriten cremosamente (nótese el uso de diminutivos)y 200 litros de miel bañan mi cara sin darme opción de ponerme siquiera un paraguas.

Lo que no es tan lindo es soportar el bombardeo incesante de todas las empresas que han hecho su negocio con la causa menos negociable que existe. Tarjetas de crédito, viajes a Aruba, osos de peluche de ojitos hipnotizadores, chocolates engordantes y antidepresivos, relojes emperifollados de pompa y adornos, collares que suplican cuellos que los cobijen, venga y compre, compre que se acaba señor, no ve que es San Valentín.

Tal vez es por eso que mi gélida indiferencia pasa altanera como sacudiéndose los zapatos sobre febrero 14. Pobre San Valentín, hemos desgastado su nombre hasta convertirlo vilmente en un souvenir huachafo que se lleva en el bolsillo junto con tantas otras fechas. Pobre San Valentín que comienza a ser un nombre que se dice sin sentido ni denominación de origen (para usar una expresión de moda), hasta le han compuesto una canción romántica y taciturna. Pobre San Valentín, con sus rumores de promesas de amor eterno y caricias mágicas, pobre San Valentín, que ha sido ridiculizado hasta olvidarlo. Pobre San Valentín que en verdad ayudaba a los novios a casarse, en un tiempo de persecución a muerte, cuando casarse por la Iglesia se pagaba precisamente con la muerte, y los amantes debían arriesgarlo todo por el sacramento.

Febrero 14 se convierte en un epidemia de "amnesia" que garantiza un tiempo extra para aquellas relaciones moribundas y enfermas, que viven continuamente una cáncer terminal, pero que hoy se inmolan casi sin sentido para prolongar su agonía. Pobre San Valentín que permite al enamorado más ruín y despiadado, someterse a un baño de cloro para salir más limpiecito que nunca, disimulando un arrepentimiento impostado. Febrero 14, si tan sólo todos amaran siempre con la intensidad de las promesas que se hacen ese día, si tan sólo pudiésemos mantener con realismo las palabras que pronunciamos el resto de nuestras vidas.

La verdad, nos hemos compadecido de la memoria de San Valentín, porque al parecer flaco favor le hacemos al recordarlo de esa manera. Si algo podemos decir finalmente, es aquello con lo que terminamos el post del año pasado. Siempre en los matrimonios suele leerse el himno de la caridad de San Pablo, y creo, sin temor a equivocarme, que si San Valentín viviese podría repetir casi las mismas palabras: "El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se ufana. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo". Alguna mejor definición imposible.

El vídeo del final, circula en la red, es un corto animado que es mi regalo para los enamorados, disfrútenlo:

1 comentario:

Anónimo dijo...

gonzalo malazo realmente :( el que tu veas asi el día o que otros vean como una oportunidad comercial el día no implica que así sea ... un ejemplo hay malos gobernantes y no por eso todos caen a la misma bolsa ... creo que olvidaste mencionar a las personas que si le damos o intentamos darle un verdadero significado a ese día, y a los que podemos salir sin un sol en el bolsillo con una chica y hacer que ella regrese a su casa feliz porque se supo pasar el tiempo bien con ella.