lunes, 2 de marzo de 2009

Tristeza y soledad de un lenguado

Soy
lo gris contra lo gris. Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado.
(…)
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces toda la arena,
todo el vasto fondo marino.


El lenguado. José Watanabe

Quién no se ha experimentado triste y solo alguna vez. Ojalá no ahora. A mí me parece formidable la descripción que hace José Watanabe en este poema sobre la soledad y la tristeza.

Es un lenguado, un pez muy conocido por su forma aplanada que dejar ver en un mismo lado sus dos ojos. Es un pez deforme ciertamente. Pero si bien los peces no sienten tristeza ni soledad, es evidente que Watanabe quiere hablarnos del hombre. Quiere hablarnos de su tristeza y soledad, quiere decirnos que es innegable, que muchos somos a veces “lo gris contra lo gris”. El lenguado se mimetiza con la arena para sobrevivir. Ha copiado el color de la arena, pero no de cualquier manera, lo ha copiado “incansablemente”, se ha esforzado día y noche por copiarlo y hacerse indistinguible, se ha desgastado por mimetizarse completamente y desaparecer a los ojos de todos, para salir a comer tan sólo a sus presas y escapar de los enemigos que lo acechan.

Y ni siquiera el hecho que se siente alimentado, y casi satisfecho, ha podido hacerle olvidar el hecho pesado que está solo y es deforme, se ha hecho deforme por los hábitos de supervivencia que ha desarrollado, deforme, gris, invisible, casi un fantasma.

Ese pequeño truco, lo ha “deformado”, esa trampa que parecía garantizarle la supervivencia diaria, esa máscara que aparentemente lo protegía del mundo exterior, lo ha “deformado” hasta convertirlo en lo que es y que tal vez no quiere ser.

Pero aún sueña. Nada ha conseguido borrar de su entraña más honda sus sueños, nada ha conseguido borrar de su memoria el hecho que anhela vivir sin miedo y sereno y ser más grande que los más grandes. “A veces sueño que me expando y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande que los más grandes".

Quizá la mentira nos deforma muchas veces como a los lenguados, y hemos aprendido a sobrevivir ocultándonos en el fondo marino, adornados de ropa, maquillaje, trabajo, lujuria, desenfreno, drogas. Todos tenemos nuestra arena preferida que conocemos mejor que nadie, y que paradójicamente es la causa más ácida de nuestra tristeza. Pero aún en el fondo marino más profundo, allí donde la luz parece no llegar, al punto que no se distingue cuando es día y cuando es noche, aún ahí, como el lenguado, nuestro corazón descubre que sueña con la grandeza, que desea lo sublime y que nada, pero nada de este mundo podrá colmarlo, paradoja de un hombre que muere y sufre, y que aún así sueña con vivir por siempre y ser amado infinitamente.

En resumen, a no ser lenguados, saquemos el odio de nuestro corazón, las preocupaciones de nuestra mente, vivamos humildemente, demos más, esperemos menos, nuestros problemas son siempre más pequeños de lo que creemos y nuestras alegrías más sencillas que las que buscamos.